jueves, 20 de marzo de 2014

Cuando la persona es diagnosticada en sus fases iniciales del padecimiento de la enfermedad de Alzheimer, aún es independiente. De este modo preservar esa propiedad y respetar su toma de decisiones es fundamental en este sentido. El enfermo es un adulto y debe considerársele  como tal , ocupando en asociación con él sin forzarle a tomar decisiones ya que desencadenará una situación de resistencia y resentimiento, de igual modo esta situación le llevará a una situación cooperativa y de cumplimiento.
 
 
Posibilitar su independencia funcional y ejecutiva es transcendental
en primeras fases para permitir la preservación de capacidades.
 
La consternación del diagnostico y la cantidad de información sobre la enfermedad que comienza a recibir puede llevarle a la sobreprotección y a creer que el enfermo desde el principio ya no es el mismo de antes e incluso a producir pensamientos negativos y sentimientos de sobrecarga y llegar a ver que la situación le sobrepasa.
 
 
" La actitud más positiva que puede adoptar el cuidador de un enfermo de Alzheimer es evitar la sobreprotección del paciente a su cargo". (Guillermo Pascual, jefe de la unidad de Demencias del Hospital Neuropsiquiátrico Nuestra Señora del Carmen de Zaragoza).
 
El asesoramiento profesional debe canalizar esta primera batalla, en primeras fases de la enfermedad el conocer adecuadamente el problema, estacionarse en la enfermedad y en todas las situaciones que conlleva es un buen comienzo. El profesional (médico, psicólogo, trabajador social) puede dar pautas sobre la situación en la que se encuentra así como conocer todos aquellos programas y tratamientos que puedan serle de ayuda. Potencialmente, conectar con personas o grupos de personas que vivan la misma situación es un alivio necesario y una poderosa medida para encarar esta etapa de inicio.
 
 
El asesoramiento profesional cualificado le permitirá una atención eficaz
y una oportunidad valiosa de resolver sus dudas acerca de la enfermedad.
 
Ante tempranos síntomas de conducta inusual en el enfermo, importante no culpabilizar (la ocurrencia entre otros de lapsus de memoria, cambios de humor, afectivos o de personalidad, depresión o problemas físicos). Estos cambios en principio son mínimos, pero constituyen la primera señal de alerta y de frustración del cuidador, que rápidamente juzga erróneamente dichas manifestaciones como un brusco empeoramiento o un apresurado deterioro en el familiar enfermo.
 
 
El distanciamiento del enfermo de Alzheimer en las primeras fases obedece a su percepción de déficits, los cuales comienzan a ser visibles en situaciones de intercambio social.
 
El cambio de personalidad comienza a reflejar aquellas limitaciones que perturban al enfermo (los problemas de lenguaje, el juicio pobre o disminuido, la pérdida de iniciativa y por lo general la dificultad para llevar a cabo tareas familiares o mecánicas) expresa su irritabilidad y el constante alejamiento de encuentros sociales. Esta reacción puede interpretarse como un mecanismo de defensa que manifiesta el enfermo ante el consciente miedo al deterioro y su autopercibida incapacidad y confusión.
 
Fuente de las imágenes: static.guim, guardianprotection, forcivilminds.org, dailymail.co.uk (Alamy).
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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